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EL cantante Morgan ha sido excluido del próximo Festival de San Remo porque en una entrevista ha admitido que era consumidor habitual de cocaína para superar la depresión. La decisión ha sido adoptada por la RAI (Radiotelevisión pública Italiana), que organiza el citado Festival.

 El caso está suscitando polémica y un gran debate en Italia. Sin duda, el cantante Morgan no es el primero y el único caso de toxicodependencia en el mundo de la TV y del espectáculo. Hay quien dice que si los falsos moralistas a la italiana quisieran excluir de la programación televisiva a todos los profesionales que consuman cocaína, casi tendrían que cerrar las televisiones. Pero, en general, se aplaude la medida de la RAI, pues no es admisible el elogio público de la droga, con ostentación del uso de cocaína. Además, la aparición de un “divo” en televisión tiene el efecto de un espejo que representa un personaje dotado de un cierto nivel de prestigio. La televisión ofrece muchos, demasiados ejemplos de esos espejos poco edificantes que deforman la realidad.

Este escándalo pone también de actualidad la famosa moral a la italiana que dice así: Se hace, pero no se dice”. El ejemplo más lamentable de ese proceder lo denunció hace tres años un programa de televisión, “Le Iene”, demostrando que un tercio de los diputados italianos se drograban, un escándalo que levantó ampollas, pues poco antes los parlamentarios habían aprobado una dura ley contra la drogodependencia.

 En fín, la RAI ha querido dar una lección, y ha hecho bien en esta caso. EL problema está en que a menudo la RAI, y la televisión en general, es un púlpito poco creíble.

Cuida el cardenal Carlo María Martini una muy interesante página semanal en el Corriere della Sera, donde responde a las cartas de los lectores. Recientemente me referí al debate suscitado en esa página sobre la “decadencia de la Iglesia”, un debate al que aún  contesta el cardenal Martini, porque le llegan todavía muchas cartas de lectores que concuerdan con su visión de que hoy existe un florecimiento en la Iglesia, y otras muchas contrastan esa visión del arzobispo emérito de Milán, con fama de gran biblista.

Al margen de ese debate, entre las cartas que en esta semana destaca el cardenal Martini una le formula una pregunta sobre la que gira toda la teología cristiana, es decir, por qué Dios se ha hecho hombre y se ha dejado crucificar. Martini responde así: “Esta pregunta tiene en constante ebullición el pensamiento teológico. Un tiempo se insistía mucho sobre la gravedad del pecado del hombre. Hoy se piensa también en un gesto de amor invencible e insuperable: amor y muerte se reclaman mutuamente. No puedo decir más, pero es evidente que tal problema continuará a ocupar también la teología en el futuro. Pero beatos aquellos que desde ahora se confían en esta certeza, que no procede de un razonamiento, sino de un hecho!”

El cardenal Martini responde también a otra interesante cuestión que el hombre se hace: “Me pregunto –escribe el lector- dónde termina el universo y qué es lo que comienza después. En esta inmensidad del espacio, ¿no cree que en algún otro lugar haya vida terrena similar a la nuestra?” El cardenal Martini responde: “Las dimensiones del universo se alargan a desmesura según los resultados de la ciencia. Se habla incluso de “multiverso”, donde habría muchos universos sin comunicación entre ellos. El nuestro solo sería uno de esos universos. Es obvio que también más allá puede existir una vida similar a la nuestra, pero nosotros, al menos por ahora, no sabemos nada… En esta inmensidad nuestra pequeña mente se pierde. De todas formas, permanece siempre verdadera la dimensión ética y espiritual, la verdad de nuestras relaciones con Dios y con nuestros semejantes. Eso nos debe bastar para orientarnos en esta noche oscura del espacio y del tiempo”.

Visita al LCH en el CERN, en Ginebra

A propósito de esta cuestión, recuerdo la visita que en Ginebra al CERN, al Laboratorio Europeo de Física de Particulas, donde se estaba terminando de construir el  acelerador de partículas (LCH)  más grande del mundo. Muy recientemente  ya se ha iniciado allí el experimento para encontrar el Bosón de Higgs, al que se llama también “particula de Dios”, una partícula que hasta ahora solo existe en la teoría y sobre la que se fundamenta toda la física moderna.

El LHC (Gran Colisionador de Hadrones), la titánica obra de ingeniería situada en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), junto a Ginebra

Pregunté entonces a algunos físicos que trabajan en ese experimento para conocer en sus pormenores el origen del “Big Bang”, si consideraban posible que se hubieran producido diversos “big bangs”, dando así origen a varios universos. Ninguna me negó tal posibilidad.

La verdad es que en ningún otro lugar como en ese gran Laboratorio de Ginebra he sentido más nítida y real la sensación de la pequeñez de nuestra mente que, como dice el cardenal Martini, “ se pierde en esa inmensidad del espacio y del tiempo”.

Regreso a Roma, tras un largo viaje y en el ambiente se percibe que estamos ya en campaña electoral ante los próximos comicios regionales. En este contexto pueden leerse algunas declaraciones de Silvio Berlusconi sobre la inmigración, un tema que siempre suscita interés y se presta al populismo y demagogia. Berlusconi ha vinculado la inmigración con el crimen, señalando que ”menos in migrantes, menos criminalidad”. Levantó escándalo Berlusconi y de inmediato le contestaron los obispos italianos:” Nuestras estadísticas demuestran que los porcentajes de criominalidadde italianos y extranjeros son análogos si no idénticos”, afirmó Mariano Crociata, secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana.

Hoy aparece una interesante encuesta en El Corriere della Sera mostrando que la mayoría de los italianos están contra esa ecuación de más inmigrantes más criminalidad. Se precisa también que dos italianos de cada tres afirman que los “inmigrantes son necesarios para la economía”.

 Berlusconi está siendo noticia por otro escándalo al que dan gran relieve los medios de la familia y otros afines. Así, el semanario Panorama dedica la portada de su último número a la prostituta de lujo Patricia D’Addario, anunciando que los tribunales de la ciudad meridional de Bari investigan a la mujer y a una docena de personajes, entre ellos políticos, magistrados y periodistas. Estos habrían urdido un complot destinado destinada a desprestigiar a Berlusconi, seleccionando a la D’Addario y para hacerla “llegar” al primer ministro por medio del empresario Giampaolo Tarantini, que le pagó viaje y estancia en Roma. La D’ Addario dijo en su día que había cobrado 1.500 euros por los “servicios prestados” en la residencia de Berlusconi.

 Panorama cuenta ahora que Patricia D’Addario habría transferido a una cuenta personal a Qatar un millón y medio de euros. En fín, demasiada fantasía hay que echarle para ver en la prostituta de lujo Patricia D’Addario un agente secreto, formando parte de una conjura y conviertiendo en la más cara del mundo la cama de Berlusconi que le regaló el líder ruso Putin.

Entre escándalo y escándalo, la cabeza de Berlusconi, o mejor su peluquín o falta del mismo, ha sido tema de un vivo debate.

Resulta que un día apareció con la cabeza como una bola de villar, y los periódicos publicaron fotos demostrando que en una semana Berlusconi había cambiado tres veces de “peinado”. El debate se ha centrado si eran cabellos suyos o falsos, teniendo en cuenta que hace unos años Silvio Berlusconi se hizo un transplante de pelo. Profundo y apasionado debate, que poco aclaró, pero la respuesta es sencilla: Berlusconi, muy atento a su imagen, se hace pintar la cabeza todas las mañanas. No hay, por tanto, misterio sobre el pelo de Berlusconi.

En Haití sigue el caos y los saqueos. Las noticias  procedentes de Puerto Príncipe siguen causando horror, como la  que señala que cien niños podrían estar sepultados bajo los escombros de su escuela.

A menos de 100 kilómetros de la tragedia y del epicentro del terremoto, El Independence of the Seas, con 3.100 pasajeros, atracó en la playa de Labadee, en la misma isla.  Los turistas del crucero de lujo han podido  disfrutar de cocktails, barbacoas y deportes acuáticos, ajenos al clima de devastación y desolación que vive la población del lugar.

Son las dos caras de una moneda, representadas por estas dos fotos que hablan por sí solas.

Es fácil caer en la hipocresía y en falsos moralismos. Prefiero constatar hechos. El pasado viernes, menos de 48 horas después del terremoto,  comenté el distanciamiento e indiferencia con que algunos periódicos italianos informaron sobre la tragedia de Haití. Hoy la imagen del crucero junto a otras sobre el drama de Haiti solo viene a confirmar la indiferencia y a menudo  falta de sensibilidad del género humano, porque parece claro que los problemas y las tragedias son siempre de los demás mientras no los suframos en primera persona.

Benedicto XVI visitó el domingo la Sinagoga de Roma, en medio de gran expectación, porque venía precedida de polémicas.

El acto, que ha tenido momentos de gran emotividad, ha reflejado la voluntad de paz y diálogo que existe por parte de judíos y cristianos, y ha tenido un hilo de continuidad con la que realizó Juan Pablo II hace 24 años.

En la mente de todos ha estado presente la visita histórica que  realizó Juan Pablo II a la Sinagoga de Roma en 1986. Entonces lo acogió el rabino Elio Toaff, la única persona que cita en su testamento Juan Pablo II. “No me podía imaginar que el Papa viniera hacia mí con los brazos abiertos. Me dí cuenta -me dijo en una entrevista Toaff- que algo importante  había sucedido con el abrazo que nos dimos Juan Pablo II y yo, judios y cristianos nos hicimos desde entonces más hermanos. Acababa una época y comenzaba otra”. En esa visita, hubo lágrimas en muchos judios y la conmoción fue general. 

 Juan Pablo II pronunció en la Sinagoga de Roma una frase histórica, al llamar a los judíos “nuestros hermanos mayores”, una frase que resume el afecto que siempre tuvo Karol Wojtyla por los judíos, algo que ya demostró en su infancia. De esa época de Wojtyla me contó  una anécdota reveladora su amigo y compañero de escuela y  del equipo de futbol en su pueblo de Wadowice, el judío Jerzy Kluger, en una entrevista que le hice para TVE: “Un día fui a la iglesia en la que Karol Wojtyla era monaguillo, para comunicarle las notas que habíamos tenido en la escuela. Una señora me recriminó por entrar en la iglesia, siendo yo judío, y me gritó que qué hacía yo allí. Wojtyla se percató del incidente y me preguntó al terminar la misa qué había sucedido. Cuando se lo expliqué me dijo con aire de disgusto: “¿Pero es que esa señora no se ha enterado de que todos somos hijos del mismo Dios”?

También ha sido histórica la visita de Benedicto XVI. En las semanas previas se suscitó una notable polémica, tras la decisión de Benedicto XVI de declarar venerable a Pio XII, junto a Juan Pablo II, un paso previo a la beatificación. Muchos judíos reaccionaron con malestar, porque acusan a Pio XII de mantener el silencio frente al Holocausto.

Benedicto XVI ha tenido, a pesar de esa polémica previa, una calurosa acogida a su ingreso en el templo judío. Pero en el discurso oficial, el presidente de la Comunidad judía, Ricardo Pacifici,  ha recordado que “existen todavía heridas abiertas, en referencia al silencio de Pio XII, mientras el rabino de Roma, Riccardo Di Segni, ha subrayado que “el silencio no pasa desapercibido a Dios”.

Benedicto XVI ha recordado también los años del nazismo, subrayando que la “Santa Sede y los católicos ayudaron a los judíos”, frase con la que, sin citarlo, ha defendido a Pio XII. El Papa ha calificado la Shoah como la “horrenda cumbre de un camino de odio”.

En definitiva, la sombra de Pio XII ha estado muy presente en la visita, pero ha predominado la voluntad de diálogo y trabajar en una agenda común: una ecologfia humana, la defensa de la vida y de su dignidad, la tutela de la famila y compromiso de ayuda a los más pobres y débiles.

Entre las muchas historias de muerte y desesperación en el terremoto de Haití, hay algunas con final feliz. Es el caso de Claude Redjeson Hausteen, de dos años, salvado tras permanecer 48 horas entre los escombros de su casa, por un equipo de bomberos voluntarios de Valladolid. La foto del pequeño Claude aparece hoy en buena parte de los medios internacionales. Su rescate personaliza otros milagros parecidos que se están produciendo en Puerto Principe. Claude simboliza también la vida y la esperanza que surge en medio del caos y del infierno de Haití.

Ingrid con ex marido Lecompte

“Egoista, muy interesada en el dinero, obsesinada con Dios”. Así describe a Ingrid Betancourt, ex rehén de la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), su ex marido Juan Carlos Lecompte, quien ha escrito un libro titulado  ““Ingrid et moi, une verité douce-amère”, (“Ingrid y yo, una verdad agridulce”, ediciones Plon), que estará en las librerías en Francia el 21 de enero.

Betancourt estuvo prisionera de las FARC desde el 2002 al 2008, y ahora vive entre las Seychelles, París y Nueva York, donde estudia su hija de 24 años Melanie, que tuvo con su primer marido, el diplomático francés Fabrice Delloye, padre también de su hijo Lorenzo, de 20 años, estudiante en París.

Lecompte, quien lamenta haber sido ignorado por la mujer que esperó durante seis años,  revela detalles del primer día en libertad de Ingrid Betancourt: “Cuando llegamos a casa de su madre, la primera noche después de la liberación, no hizo otra cosa que hablarme de Dios, sin poder separarse de su crucifijo y rosario. Nos contó que había visto a la Virgen dos semanas antes de la liberación”.

Betancourt con sus hijos Melanie y Lorenzo

Su propia amiga y compañera en la selva durante los años de prisión, Clara Rojas, describe a Ingrid Betancourt como una mujer “egoísta y arrogante”. Mientras Betancourt se dedica a preparar el proyecto de una película autobiográfica, cuyos derechos han sido adquiridos por la prestigiosa productora de Hollywood Kathleen Kannedy, su imagen no sale bien parada.

Clara Rojas e Ingrid Betancourt

Nadie le puede discutir a Ingrid Betancourt su coraje. Pero su “arrogancia” que describen su ex marido Lecompte y Clara Rojas le ha llevado a dar patinazos de relieve. Uno de los más notables fue el convocar a los medios de comunicación en un lujoso hotel de París, frente al Louvre, en la mañana que se iba a hacer público el premio Nobel de la Paz. Estaba tan convencida que se lo merecía y que se lo iban a dar a ella que uno de los comités creados en Francia para apoyar su liberación publicó un comunicado explicando las razones y meritos que la habían llevado a ganar esa distinción. Betancourt se tuvo que conformar con el premio Príncipe de Asturias por su lucha por la libertad.