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Imagen promocional del No Berlusconi Day, que tuvo lugar en Roma contra la política del primer ministro.

El viernes pasado, el influyente semanario The Economist, pedía a Berlusconi que dimitiera. Hoy  el Financial Times, el más importante periódico financiero de Europa, afirma que Silvio Berlusconi “no puede gobernar Italia”. En un editorial, el FT subraya que Berlusconi está acusado en un tribunal por un mafioso arrepentido (Gaspare Spatuzza) de haber tenido relaciones con Cosa Nostra y recuerda algunos de los procesos por corrupción contra el primer ministro italiano.

Gaspare Spatuzza, asesino mafioso arrepentido

  A los problemas judiciales, se añaden los políticos:  su aliado Gian Franco Fini dijo recientemente, en una conversación grabada sin él darse cuenta,  que Berlusconi confunde liderazgo con monarquía absoluta. EL sábado, una gran manifestación de protesta contra el primer ministro pedía en la calle su dimisión. Y para colmo, su mujer Verónica Lario le declara también la “guerra” con un divorcio pidiéndole una poensión compensatoria de 3,5 millones de euros al mes.

Berlusconi con su ex mujer Verónica Lario

 A la vista de esos datos, y de las informaciones que habitualmente se dan en algunos medios, sobre todo extranjeros,  parece claro que Silvio Berlusconi está bajo asedio y que no le queda otra salida que dimitir. Sin embargo, la realidad es diversa. Es verdad que Berlusconi representa y carga con graves anomalías, pero aún cuenta con un consenso superior al 50 por 100 y, hoy por hoy, volvería a ganar unas elecciones. Se le vota por estos cinco motivos:

  1. Televisión: Casi el 80 por 100 de los italianos se informa por la TV, Berlusconi y controla prácticamente todas la cadenas, públicas y privadas, menos una.
  2. Personaje popular: Berlusconi sabe venderse como un personaje simpático, como un espejo en el que a los italianos les gusta mirarse. Sus juergas en su residencia con prostitutas apenas le han rebajado popularidad. En un país en el que la ilegalidad constituye casi norma, sus procesos por corrupción pasan ya casi desapercibidos, o no tienen el impacto que cabría esperar de su gravedad, porque, en el fondo, muchos italianos lo que desearían es ser como Berlusconi.(En su habitual artículo semanal de El País, y bajo el título “Delitos legalizados“, Javier Marías escribe: “Cuanto más parece un político ser deshonesto, o directamente un ladrón o un rufián, más favorecido se ve por sus electores, más lo admiran éstos y más desean que sea él quien los siga gobernando”).
  3. Empresario, no político:  Su populismo le lleva a culpar a la clase política de los males del país y él presentarse como el mejor gestor y primer ministro de  los últimos 150 años de historia italiana. Algunos lo creen, otros muchos no, pero lo votan porque la izquierda, aún dividida y en permanente pelea, no representa una alternativa.

      4.   Ateo devoto: La actuación es a menudo embarazosa para la Iglesia católica, pero él aplaude al Vaticano, se siente próximo al Papa y apoya su política. Entra así en juego el factor del perdón y Berlusconi, y con él los italianos, se sienten menos culpables.

      5. Anticomunismo: Berlusconi sigue explotando la visceral antipatía que muchos italianos tienen hacia la izquierda. Berlusconi solo ve comunistas en la izquierda,y  en los jueces, y a ellos dirige sus constantes ataques.  Muchos italianos votarían al diablo antes que ver a la izquierda en el poder.

 En definitiva, Italia es hoy un pais completamente dividido, con una mitad enfrentada a la otra mitad en un clima de gran tensión política. En este ambiente de polémica y de gran hostilidad entre  las fuerzas políticas,  Berlusconi no dimitirá, aunque la prensa extranjera y la izquierda italiana consideren que esa sería la mejor solución para el país. El problema para Italia es que  el Parlamento y el Gobierno están más pendientes de los problemas de Silvio Berlusconi que de las reformas que necesita el país.

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La corrupción en Italia está tan generalizada que, desgraciadamente, termina por verse como algo normal. Ya no sorprende que la mafia en Sicilia, la camorra en Campania y la ndrangheta en Calabria exijan a comerciantes o a quien desarrolla una actividad cantidades  exorbitantes que en general suelen superar el 50 por 100 de sus beneficios.

La pequeña corrupción también está generalizada. Me lo confirman diversos profesionales italianos. Uno de ellos, un gestor administrativo, me dice que en casi todas las gestiones que realiza tiene que dar una “propina” al empleado o funcionario de turno, propina que llega en  general a varios cientos de euros. Obviamente, cuando se trata de una gestión de cierta importancia,  la “propina” puede llegar a miles de euros.  Esta corrupción la denunciaba también el diario La Repubblica (16/10/2009), con este titular: “Desde 1000 euros hasta 200.000, una tarifa para cada práctica”.

Pero lo que realmente me ha soprendido es escuchar en un popular programa de debate de la RAI, en “Ballaró”, esta afirmación de un economista, Giacomo Vaciago:

Profesor Giacomo Vaciago

“La ilegalidad es la norma. Hemos llegado en corrupción a niveles del 1992 (época de “manos limpias”). Italia, por la corrupción, es un país caro y, en consecuencia, no atrae a la inversión exterior. Así las cosas, lo mejor que pueden hacer nuestros hijos es marcharse al exterior. Todos hablamos de Berlusconi, pero “dónde están hoy todos los delincuentes?”.

Giacomo Vaciago no es un un economista cualquiera, es un profesor ordinario di Politica Economica e direttore dell’Istituto di Economia e Finanza en la ‘Università Cattolica di Milano.

Seguramente Giacomo Vaciago hubiera firmado también la carta provocativa del director de la Universidad Luiss, Pier Luigi Celli: “Hijo mio, abandona este país”.

 No es comparable la corrupción política italiana con la situación en España, pero se camina hacia ello. Lo advierten  el fiscal jefe anticorrupción de Barcelona, Fernando Bermejo, y el fiscal jefe antimafia de Palermo, Roberto Scarpinato: ” La corrupción política en España puede llegar a los niveles de Italia en 15 ó 20 años”

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