Dicen que el vino hace bien no solo al corazón (con moderación, “un vasito al día”), a la espontaneidad (“in vino, veritas”), a la poesía y novela (sonadas resacas desde Horacio a Hemingway), sino también a la sexualidad, especialmente femenina.
Un estudio, con 800 mujeres entre 18 y 50 años, realizado por la Universidad de Florencia, y publicado por el Journal of Sexual Medicine, señala que el vino tinto aumenta el deseo sexual en las mujeres, al permitir un incremento del flujo de sangre en los genitales.
Obviamente se ha de beber con moderación: De 1 a 1,5 vasos al día; porque está claro que en este campo, si uno se excede, se corre el riesgo de caer en aquello que temía Shakespeare: “El vino despierta el deseo, pero impide la actuación”.
La noticia puede ser también estimulante y ofrecer nuevas ideas a un buen amigo manchego, ingeniero inteligente y pragmático como pocos, Marcelino Casas, empeñado en dar salida al vino de su tierra almacenado en tinajas con precios de saldo, como bajos son también los precios de la uva, cada año más por los suelos. Marcelino Casas ofrece, por ejemplo, un rico mosto, tratando de propagar su uso y convenciendo de que eso es mucho más saludable que, por ejemplo, una cerveza o incluso otras bebidas de las llamadas refrescantes. Marcelino: ¿Y si el vino tinto pudiera convertirse en el viagra femenino? “You can”, tú puedes, caro Marcelino.




















